Los perfectos hermanos hoy son dos perfectos desconocidos. Fuimos de la mano juntos durmiendo a sobresaltos hasta que todo lo divide el tiempo. Fuimos duros como una roca, entrelazados como un cordón montañoso de ilusiones amarillas. Impenetrables...inseparables.
Hoy los dos perfectos desconocidos no nos miramos la cara, no nos estrechamos la mano...ni hablamos de verdad. El tiempo se encarga de escabullirnos aquello que nos ató con la vida. Hay corazones sangrantes que no están irrigados, están bajos de nivel por las lluvias desafiantes que se lo llevan todo. Y lo llevan al infinito. Es la hora de llorar, llorar...llorar. No se porqué, pero debe ser así. Ese instante no es infinito, y de alguna manera calma el frenesí, los momentos despiadados, en que volvemos a emerger condenados, por nosotros mismos. Condenados sin misericordia.
El teatro de lo absurdo nos sumerge en sus fauces arrolladoras. En el diario teatro que llevamos sin darnos cuenta. Cuanto absurdo hay en estos amaneceres de ojos pegados, de alegrías perpetuas, de pasos intolerables y desafortunados. Que una vez más sucumben nuestra gloria ¿¡Qué cosas me habéis hablado¡? ¡Qué horror¡ ... si después de todo no hemos dado ni un paso. Nos lo ha dado el tiempo. Ni del oro que nos muestra la primavera, ni del agrio despertar atolondrado cubierto de ramas espinudas, corto punzantes. Esas mismas palabras que crearon sentimiento. Esos mismos arrumacos feroces, descalzos, transparentes y fuertes. De fortaleza enamorada. Jajaja¡¡¡qué si no esa fortaleza. La verdad estábamos más agrios que cualquier día de bruma de furia.¡¡¡Por la mierda¡¡¡Qué habéis hecho¡¡¡??? Que esta maldita pesadilla aún no termina...aún no...Pero falta poco...muy poco.
Ya no existe el miedo encapsulado. Era cosa de tiempo, el mismo imperecedero, implacable y cabal, que nos seca las raíces Y nos aloja en su penumbra mas incierta.
Los perfectos desconocidos hoy caminan... a penas; a sobresaltos duermen y...casi no sueñan. La fe ya no existe, se la ha comido el Diablo. Se la llevó en su maleta llena de cartas, llena de poemas desafortunados, de rimas de mentira, perdición y soledad. La misma que nos carcome cual termita exhausta, y hambrienta de los lazos que estructuran nuestra casa.
De tanto andar, los perfectos desconocidos se miran al espejo y no se encuentran. Su vida se las ha quitado el sueño. Soñar fue entonces una terapia de perdición y el arma que adoptaron nuestras vidas, para quedar despiertos.
Un día, aquellos personajes despiertan. Desconocen aquella banca helada, de invierno imaginario y...entonces se arrodillan frente a Dios y le piden perdón...perdón por haber perdido la Fe.